En sus modestas
y luminosas habitaciones se hospedan amigos. Son huéspedes silenciosos, que nunca se cruzan en los pasillos ni coinciden a la hora del desayuno, jamás molestan, son casi
etéreos. Enamorados del paisaje circundante y la calma de la casa, se quedan durante mucho tiempo, y si un día deciden marcharse, se descuelgan con una sábana de una ventana.
No te quedes
a la intemperie, entra en mi hostería; tengo habitaciones
libres,
puedes reservar
una.